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Dieta baja en proteínas con predominio vegetal para el tratamiento conservador de la ERC (PLADO)

  • 1 abr 2021
  • 2 min de lectura

Actualizado: 1 may 2021





La enfermedad renal crónica (ERC) no tiene cura y afecta a más del 10% de la población adulta en todo el mundo. Cada año, son más las personas que desarrollan enfermedad renal en etapa terminal e inician diálisis, la cual es costosa y se asocia con deficiencias funcionales, peor calidad de vida relacionada con la salud y altas tasas de mortalidad temprana, que superan el 20% en el primer año.


Es por esto, que actualmente se busca implementar estrategias que reduzcan la carga de insuficiencia renal al desacelerar la progresión de la ERC y controlar la uremia sin diálisis.



La evidencia sugiere que una dieta baja en proteínas, dominante en plantas, centrada en el paciente (PLADO) de 0,6 a 0,8 g/kg/día compuesta de >50% de fuentes vegetales, administrada por nutricionistas capacitados en el cuidado de la ERC sin diálisis, es prometedora y consistente con la nutrición de precisión.


Esto se deriva de que dietas altas en proteínas, con un alto consumo de carne no solo dan como resultado un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, sino también una mayor incidencia de ERC y una progresión más rápida de la ERC debido al aumento de la presión intraglomerular y la hiperfiltración glomerular.

La ingesta de carne aumenta la producción de productos finales nitrogenados, empeora la uremia y puede aumentar el riesgo de estreñimiento con la hiperkalemia resultante de la ingesta baja típica de fibra.


Además, los ingredientes de las proteínas animales, como la colina y la carnitina, son convertidos por la flora intestinal en trimetilamina (TMA) y óxido N de TMA (TMAO) que están asociados con la aterosclerosis, la fibrosis renal y el aumento del riesgo de enfermedad CV y muerte.


Por el contrario, una dieta baja en proteínas, rica en fibra y predominantemente vegetal puede producir alteraciones favorables en la microbiota intestinal, lo que puede modular la generación de toxinas urémicas y retardar la progresión de la ERC, además de reducir el riesgo cardiovascular.

Junto a ello, contribuye a reducir la presión intraglomerular, efecto que, si se ejerce de manera constante, puede preservar la función renal a largo plazo, como se corrobora tanto en modelos animales como en estudios humanos de ERC, incluidos varios metanálisis.

Otras características del PLADO incluyen un consumo de sodio relativamente bajo <3 g/día, mayor fibra dietética de al menos 25-30 g/día, y una ingesta de energía dietética adecuada de 30-35 Cal/kg/día.


El régimen PLADO está centrado en el paciente con Insuficiencia Renal Crónica y es flexible con respecto a los objetivos dietéticos, y se construye en base a las preferencias del paciente en oposición a regímenes dietéticos estrictos. Ofrece un manejo nutricional más pragmático que está alineado con los objetivos contemporáneos de manejo de la dieta. A diferencia de otras dietas estudiadas, la premisa del PLADO se basa en sus efectos previstos tanto en los resultados duros como en los centrados en el paciente, incluida la calidad de vida relacionada con la salud, los síntomas urémicos y la palatabilidad de la dieta, mientras que la seguridad y la adecuación siguen siendo algunos de los objetivos importantes.






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